EL MUCHACHO QUE DESEABA UNA BIBLIA

Lecturas Biblicas

Tenemos la historia de un pobre muchacho irlandés, que vivía en Dublín, Irlanda. Este niño había estado asistiendo a la Escuela Dominical que quedaba cerca de su casa, por unos tres años solo para dar lectura de la Biblia.

Él había visto, domingo tras domingo, que todos los otros niños llevaban sus Biblias y, él deseaba tener una. Su padre había muerto y la mamá era muy pobre para poder comprarle una.

Un día, la madre le envió a un negocio para comprar jabón. El jabón no tenía la envoltura que tienen algunos jabones. Estaba cortado en pedazos y colocados en un cajón sin ninguna clase de envoltura.

Cuando alguna persona compraba, el vendedor lo envolvía en un pedazo de papel viejo, que guardaba a mano, para poder envolver artículos pequeños.

Tenemos la historia de un pobre muchacho irlandés, que vivía en Dublín, Irlanda. Este niño había estado asistiendo a la Escuela Dominical que quedaba cerca de su casa, por unos tres años. Él había visto, domingo tras domingo, que todos los otros niños llevaban sus Biblias y, él deseaba tener una.
Tenemos la historia de un pobre muchacho irlandés, compartamos esta Lecturas Biblicas:
que vivía en Dublín, Irlanda. Este niño había estado asistiendo a la Escuela Dominical que quedaba cerca de su casa, por unos tres años. Él había visto, domingo tras domingo, que todos los otros niños llevaban sus Biblias y, él deseaba tener una.

 Cuando la vendedora se dispuso a envolver el jabón el muchacho notó que arrancaba la hoja de una Biblia vieja que estaba en el mostrador.

¡Pero señora, usted está envolviendo el jabón con la Biblia! Exclamó el muchacho en el colmo de la sorpresa. «Bueno, ¿y qué si lo hago?», replicó la mujer. «La Biblia es la Palabra de Dios y debiera ser cuidada», dijo el niño.

«Para mí no hay diferencia», dijo la mujer, mientras seguía envolviendo el jabón, «es papel viejo que le compré a un papelero, para poder envolver cosas pequeñas; de todos modos, es una Biblia vieja».

«Señora, por favor, no le llame a la Biblia papel viejo, yo he deseado tanto tener una y no he podido comprarla, y ver rota una cosa que yo cuidaría y apreciaría mucho, me entristece», dijo el jovencito.

La señora le miró y vio que estaba casi por llorar. Entonces le dijo: «Yo puedo dártela, si me traes tanto papel como pesa la Biblia, para poder envolver el jabón, dejaré la Biblia aparte y cuando me traigas el papel, te la cambio».

Era un muchacho alegre y feliz el que al siguiente domingo fue a la Escuela Dominical, llevando su Biblia bajo el brazo,

Era un muchacho alegre y feliz el que al siguiente domingo fue a la Escuela Dominical, llevando su Biblia bajo el brazo.
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El muchacho estaba deleitado. Se apresuró a llevar el jabón a su casa. Desenvolvió el jabón con cuidado, alisó la hoja de la Biblia que había arrancado la vendedora y la puso en un lugar seguro.

Entonces le contó a su mamá lo que le había dicho la señora. juntos anduvieron por toda la casa recogiendo pedazos de papel y colocándolos en pila.

Encontró algunas viejas bolsas de papel y las cortó en pedazos cuadrados y limpios. Pero, todavía no tenía suficiente. «Yo sé lo que puedes hacer», le dijo la madre, ansiosa de que el hijo tuviera la Biblia.

«Ve a la casa de la señora. El esposo enseña en la Escuela Dominical. Cuéntale de la almacenera y la Biblia y cómo te gustaría poder tenerla y dile que harías alegremente cualquier trabajo con tal de que ella te proporcionara papel usado».

De una corrida, el muchacho se fue a la casa de la señora A. Ella estaba en casa, escuchó la historia y difícilmente podía impedir que brotaran lágrimas de sus ojos al ver aquel rostro ansioso y los ojos brillantes.

Ella tenía varios libros de colecciones de revistas y le dio dos. Por supuesto, eran más pesados que la Biblia. Con un «muchas gracias», el muchacho disparó a su casa para cambiar los libros viejos por la Biblia.

Sabía que no necesitaba el papel que tenía en su casa. Le parecía que no podía correr bastante ligero como para mostrárselo a la madre. Lecturas Biblicas en ieprecuros.com

Cuán felices estaban los dos de poder tener una copia de la Palabra de Dios en su hogar. Con sumo cuidado le puso la hoja suelta en su lugar y, como había sido la primera que la vendedora arrancara, tuvo una Biblia completa.

Era un muchacho alegre y feliz el que al siguiente domingo fue a la Escuela Dominical, llevando su Biblia bajo el brazo, como lo hacían los demás niños de la escuela.

Niños, ¡qué agradecidos debemos ser cuando tenemos un volumen de la Palabra de Dios en nuestros hogares! y que la mayor parte de nosotros, podemos tener una ¿La ha leído alguno de vosotros por completo? Si no, comenzad ahora; si lo probáis, podéis leerla toda en un año, y os hallaréis felices por haberlo hecho.

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BENDICIONES

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