LEÍA CON SU LENGUA

Fueron hallas tus palabras. Y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.

Jeremías 15-16

Un cristiano cuenta la visita que hizo a un anciano ciego, sin manos y con la mitad de su cuerpo paralizado.

Por todos lados a su alrededor había hojas de cartón perforadas con pequeños agujeros; era su biblia en braille. El anciano me conto el accidente que le había lisiado de tal manera, luego siguió.

El futuro me parecía sin esperanza cuando, un día, Jesucristo me encontró. Vino hacer mi salvador. El me dio la serenidad. Se despertó en mí el deseo de leer más la Palabra de Dios para conocerle mejor.

Pero ¿Cómo lee usted la escritura braille?

Ella no parecía ser de ninguna ayuda, ya que no tengo los dedos. Pero un día me pareció oír la vos del Señor que me decía. “Aprende a leer con tu lengua”.

¡Cuántos cristianos tienen manos, ojos y una Biblia, pero no tiene hambre de la Palabra de Dios!
Ella no parecía ser de ninguna ayuda, ya que no tengo los dedos. Pero un día me pareció oír la vos del Señor que me decía. “Aprende a leer con tu lengua”.

Oré para recibir esta biblia en braille, y cuando me fue concedida, comencé a aprender a leer así el libro de Dios. Necesite mucha paciencia, pero lo logre.

Me gustaría que usted me leerá un versículo. Una hoja de su Biblia estaba delante de él. Con su lengua toco suavemente los signos y tradujo: “Regocijaos en el señor siempre” (Filipenses 4-4)

¡Cuántos cristianos tienen manos, ojos y una Biblia, pero no tiene hambre de la Palabra de Dios!

“¡Oh, cuanto amo yo tu ley! Todo el día ella es mi meditación” (Salmos 119-97)