REFLEXIONANDO SOBRE LA PACIENCIA

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Reflexionando la paciencia, sabemos que la paciencia es uno de los pilares en la formación cristiana. Es por ello que forma parte de los temas que se estudian y desarrollan de la formación de un hijo de Dios, es decir, en la niñez, adolescencia, juventud, adultez y aun en la vejez.

 A pesar de comprender su importancia y ser un tema recurrente, se observan conductas alejadas de esto virtud, en las etapas en que esta debiera formar parte de nuestros hábitos, es decir, en lo edad adulta y en la vejez, desconociendo así, la riqueza que tiene para nuestra uncid espiritual y en la vida cotidiana. “Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36).

Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa

“Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”

 Esperar en Dios, tolerar, soportar una situación sin perder la calma, sin que nuestro estaco de ánimo se altere, requiere necesariamente riqueza espiritual, confianza y esperanza en el Todopoderoso; “Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantaran alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:30 y 31).

 Lo contrario a la paciencia es la ansiedad. Esta se refleja en la criatura que desea conseguir de forma inmediata todo lo que requiere u observa necesario para sí y su entorno. Al no conseguirlo, en el corazón del hijo de Dios se provoca angustia y desazón. Sin embargo, todo tiene su tiempo. “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1).

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”

El evangelio es eminentemente práctico. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan tiene que hacerse vida en cada corazón. Para ello, necesariamente se requiere tiempo, meditación. oración y dedicación. Observar nuestro caminar a la luz de su palabra, enmendar el rumbo con lo ayuda de nuestro buen Dios, no se logra viviendo impulsiva e inconscientemente.

“El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Proverbios 14:29).

De allí la importancia de las pruebas y las dificultades en nuestra formación. Son estos de nosotros. Son como un espejo, nos permiten entender lo que Dios espera cuánto a un nos falta por progresar espiritualmente. En ellas se cultiva la paciencia. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2 y 3).

 "Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia"

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”

 Paciencia no es sinónimo de pasividad. Pasividad es no actuar., quedar m activo, sin compromiso con las cosas divinas. Dios nos invita a avanzar en su camino, pera 10 velocidad de nuestro caminar y las respuestas a nuestras necesidades vendrán conforme a nuestro desarrollo espiritual Y de acuerdo o su perfecta voluntad. “Entonces reprendía los oficiales y dije: ¿Por qué está casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus puestos”.  (Nehemías 13:11)

Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús hasta su venida.

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